Y la afectan negativamente. Son mitos que corren de generación en generación, de barra de bar en barra de bar, de chat en chat… y producen el efecto contrario al deseado: nos cortan el rollo. A muchas y muchos. Pues bien, quizás ha llegado el momento de aportar un punto de vista nuevo a esas ideas obsoletas:

  • Hay que follar largo. Es decir, durante mucho rato. Alguna mujer, por fin, dijo en mitad del siglo XX: “¡Nosotras también queremos orgasmos!”. Y unos y otras nos pusimos a la tarea de intentar conseguirlos… al estilo de los hombres. O sea, a través de la penetración. Así, el asunto de follar empezó a alargarse porque casi el ochenta por ciento de las mujeres no consigue el orgasmo a través de este método en el que el clítoris se queda literalmente fuera de juego. Y sobrevino la época del, de nuevo literalmente, iritante (e interminable)  refrote. ¿Solución? Fingir el orgasmo, ya que parece obligatorio tenerlo. Me sorprende comprobar la cantidad de mujeres que lo hacen para poner fin a un tedioso coito.

El antídoto: menos follar y más divertirse.

  • En la penetración los hombres adoptan el papel activo… y las mujeres el pasivo ya que se limitan a recibir. Pero lo cierto es que en la penetración, los hombres penetran y las mujeres acogen, reciben, abrazan, rodean en su vagina el pene del hombre. Sin esta activa actitud (valga la redundancia) de acogida, es muy difícil penetrar. Sin esta activa actitud de acogida durante la penetración… estamos hablando de otra cosa: violar.

El antídoto: olvídate de los papeles masculinos y femeninos y céntrate en la celebración del encuentro íntimo con el otro.

  • Si me quisieras, lo harías por mí. O sea, el amor como argumento para no currarse algo importante: despertar el deseo del otro. Si quieres que tu pareja te haga una felación, sedúcela. Cuando te apetezca acostarte con ella, sedúcela. ¿Tienes ganas de probar algo exótico pero ella no? Sedúcela. No pidas; seduce. No propongas; genera el ambiente propicio. ¿Qué te da pereza seducir? Pues no te quejes cuando a tu pareja le da pereza complacerte. Quid pro quo.

El antídoto: si quieres recibir, tendrás que dar.  Las relaciones de pareja necesitan ese equilibrio, de lo contrario nos encontramos en una relación paterno o materno-filial donde el deseo muere lentamente…

 

  • El orgasmo es la medida del placer. No, el orgasmo es la medida de la excitación, que no es lo mismo que el placer ni que el deseo ni que el amor. Si tienes un orgasmo es porque te has excitado mucho. Si te has excitado mucho es porque has convocado los estímulos que te excitan. Que no tengas un orgasmo no significa necesariamente que no te guste la persona con la que te estás acostando o que no la desees o que no la quieras. Significa que no has sabido o querido mirar, imaginar, sentir, chupar, decir, tocar, etc. todo eso que tanto te pone.

El antídoto: menos orgasmos y más divertirse.

 

  • Si te excita imaginarlo, te excitará hacerlo. Lo bueno de fantasear es que todo transcurre a tu gusto, y eso es justamente lo que excita. Que a una mujer le ponga imaginar que la violan no quiere decir que le apetezca que la violen. Que un hombre fantasee con una relación homosexual no implica que le apetezca de verdad. Recrearse mentalmente con una orgía no es sinónimo de querer apuntarse a ella. Solo indica que IMAGINARLO excita.

El antídoto: la fantasía va a su bola, asúmelo. De hecho es probable que tu fantasía sea mucho más libre que tú. Déjala a su aire y permítete esos soplos de brisa fresco que tantas alegrías te provoca.

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