A los hombres, como a las mujeres, les gusta sentirse deseados. Cuando quieras seducir, demuéstrale que él te gusta. Hazlo, sobre todo, con tus actitudes y con el lenguaje no verbal; es más sutil y más fácil de entender. Es decir, mírale, sonríele, repite su nombre, rózale de vez en cuando. Ten en cuenta que la mayoría de los hombres se excitan, sobre todo, por lo que ven, de manera que haz esas cosas tan clásicas que siempre funcionan: cruza las piernas, enseña un hombro, tócate el pelo, ladea tu cadera… Coquetea.

A los hombres también les suele encantar complacernos, de manera que si te lo estás pasando bien, muéstraselo. La risa, incluso la sonrisa, es un gran comunicador que crea mucha complicidad. Ríete y haz que se ría. Y muestra interés por él: escúchale, pregúntale… Si el tema del que está hablando no te gusta, no te quedes callada pensando “vaya rollo”; cámbialo tú preguntándole sobre otra cosa. Objetivo: que los dos lo paséis bien.

Se dice que un requisito importante para seducir es estar segura de sí misma, pero eso no es del todo cierto: el requisito es disfrutar. Si eres una mujer muy segura de ti misma pero no sabes escuchar o eres antipática o egoista o no sonríes… no resultarás seductora. Si no eres demasiado segura pero, por ejemplo, resultas agradable o tienes ingenio o encanto, seguramente seducirás. La seguridad en sí misma no es importante. Lo importante es que te lo estés pasando bien y que disfrutéis juntos. Además, cuando un hombre te gusta, la seguridad se te va un poco al traste: todos nos sentimos vulnerables cuando deseamos.

¿Y mentir para gustar? Si cuentas una mentira corres el riesgo que él lo descubra, y entonces tendrás que dar muchas explicaciones. Y es muy posible que incluso quedes mal: a nadie le gusta que le mientan. Nietzsche decía que el problema de mentir no es la mentira en sí misma sino que la próxima vez que hables quizás no te crean. La pregunta es ¿para qué quieres mentir, crear un personaje que no eres tú? Ten en cuenta que si mientes tienes que estar pendiente de que el otro no te descubra, y eso te va a quitar muchos  momentos de disfrute. Además, nunca estarás segura de si le gustas por quien de verdad eres o por las mentiras que le cuentas. Si resulta que se trata de una aventura de una noche, quizás no tenga mucha importancia la mentira, pero ¿cómo sabes que se va a tratar de una aventura de solo una noche? Porque a lo mejor resulta que no lo es… Estas cosas se sabe cuándo empiezan pero no cuándo terminan. Es preferible no mentir: estarás más relajada.

Por otro lado, no es buena idea jugar a dar celos para seducir: generan relaciones muy superficiales porque producen mucho dolor. Es difícil mantener una relación con alguien que te hace sufrir. Y si despertamos el interés del otro a base de celos, es fácil que pensemos “si dejo de darle celos ¿le seguiré interesando?”. Con los celos se establece un patrón difícil de mantener, por lo que la relación se rompe muy fácilmente. O, si se mantiene, es muy tortuosa… y al final acabará rompiéndose y con las dos personas muy dañadas.

Y, finalmente, si quieres seducir a un hombre, no le agobies, no le atosigues, no le persigas. Dale aire. Según el sociólogo Francesco Alberoni, los hombres viven en la discontinuidad. Van y vienen, entran y salen, se vinculan y se desvinculan. Necesitan libertad para sentirse a gusto… y desear volver.

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