Sucede algo curioso que afecta a prácticamente todas las culturas del planeta: las relaciones de pareja son algo conflictivo. Dicho así, parece que los seres humanos no estamos preparados para compartir nuestra vida con las personas a las que amamos. Pero, por suerte, no se trata de eso. Lo que sucede es que el amor no es suficiente para conseguir una buena convivencia: hace falta algo más.

Nos emparejamos con un ambicioso proyecto: ser felices. Y a menudo pensamos que el mero hecho de haber encontrado a “la persona perfecta” es la garantía de nuestra felicidad. Es un buen comienzo, sin duda, y una enorme suerte. Pero lo que sucede a partir de entonces depende de nosotros. Sí, la pareja hay que trabajársela. Y sí, hay que hacerlo cada día. Pero el trabajo merece la pena.

El psicólogo de la Universidad de Denver y asesor de parejas Howard Markman nos proporciona una fórmula sencilla. Según él, para una buena relación de pareja son básicas dos cosas: divertirse juntos y mantener buenas conversaciones. En el primer caso, se trata de compartir placeres, de hacer cosas que nos gusten a los dos. Ir a conciertos, practicar escalada, asistir a partidos de basket, hacer el amor, quedar con amigos, preparar la comida del fin de semana… une mucho más que comer cada día juntos pero en silencio o ir de la mano a Ikea cuando uno de los dos lo detesta.

¿Y las buenas conversaciones?

Se trata de hablar amistosamente de temas agradables, no de abrumar al otro con nuestro monólogo o a base de preguntas predecibles y respuestas con monosílabos. Ni siquiera se trata de hablar para resolver problemas. El objetivo es entablar una conversación estimulante y fluida que, como nos pasa con un buen amigo, invite al otro a contestar y a aportar su punto de vista. Y a reírse.

Pero podemos hacer más cosas para lograr una buena relación de pareja: que esta satisfaga las tres grandes necesidades básicas que tenemos los seres humanos. Parece ambicioso, pero la recompensa es enorme: ser felices junto a la persona a la que amamos y que nos ama. Y eso es un tesoro que merece la pena cuidar. Esas tres grandes necesidades son complementarias y, en ocasiones, incompatibles entre sí, por lo que si nos ponemos a ello no encontraremos tiempo para el aburrimiento ni la rutina, los famosos grandes enemigos de amor.

Esas tres necesidades son la comodidad o seguridad, sentirnos vinculados y progresar, crecer. Por eso, cuando amamos necesitamos sabernos amados y mantener un alto grado de intimidad, pero también nos hace falta complicarnos un poco la vida y desarrollarnos como seres humanos, como pareja, como amantes, como padres, como profesionales… En una pareja hemos de encontrar estas tres cosas y hemos de facilitárselas al otro. De este modo, la vida compartida es mucho mejor que en soledad, y eso actúa como estímulo para que cada uno ponga en la relación ese “algo más” que el amor no tiene. El premio parece inmejorable: ser una pareja que convive con enormes dosis de felicidad.

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