Sí, me gusta «almóndiga» . No solo porque el DRAE la recoge como término español sino también porque la asocio con otra palabra de origen árabe, que me encanta: «Almohada».
 
Ese «alm» en común, que es casi como un alma compartida, me hace pensar en placeres domésticos, mullidos y lentos: una buena ración de almóndigas seguidas de una reconfortante siesta entre almohadas.
 
Es cierto que en mi casa me enseñaron a decir «albóndiga» porque «lo otro» resultaba vulgar. Y eso es lo que hago: emitir «albóndiga» en restaurantes, casas de amigos y barras de bar. Ay, pero en la intimidad peco, y uso la palabra prohibida. Y entonces no tengo reparos en susurrar: «Cariño, ¿te apetecen unas almóndigas?».

 

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest