Y decía:

 

         ¡Traer*a los prisioneros!

 

         ¡Cortar*las cabezas de los enemigos!

 

        ¡Cortar*el césped, de paso!
Pero no le hacían caso porque el infinitivo no sirve para mandar. Eso solo puede hacerlo el imperativo:

 

         ¡Bailadla danza del vientre!

 

         ¡Presto, servidlos faisanes!

 

         ¡Alzadvuestras copas!

 

         Decida esa dama que aguarde en mis aposentos

 

 

El infinitivo, como mucho, puede recomendar:

 

         Lavara mano

 

         Manejarcon precaución

 

         Mezclar despacio

 

         Dejar entrar antes de salir

 

 

Bueno, lo cierto es que le permiten mandar un poco cuando es consorte. O sea, cuando se junta con la preposición más breve que existe, “a”. Yo creo que esta es una unión de pura conveniencia:

 

         Tú, ¡a callar!

 

         Usted, a terminar el discurso que ya estamos hartos

 

         Y ahora, a dormir. Que llevo un diita…

 

 

El caso es que el infinitivo es un verbo que no se conjuga y que, por lo tanto, no tiene persona, número, tiempo, modo ni voz, algo que sí pasa con los otros verbos. Quizás por eso le llaman “verboide”. Es un verbo pobre, ya ves, y para que se conjugue debe ir acompañado de otro verbo.

 

         Déjame hablar

 

         Necesitamos decidir

 

         No me vas a convencer

 

 

Pero su función es importante, ya que el infinitivo da nombre al verbo: sin él no existiría toda la parafernalia de las conjugaciones. Por eso decirnos “el verbo abdicar”, “el verbo escoger” y “el verbo decidir”. Así, en infinitivo.

 

 

O sea, que el infinitivo tiene su razón de ser. Pero mandar, no. Mandar no puede; no le obligues a hacerlo o tendrás que vértelas con el imperativo… que es bastante sobrado.

 

        Un infinitivo enfadado porque nadie le obedece…

 

 

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